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Café y tasadores. Un encanto


– Bueno, acá estamos
– Pasá, por favor ¿querés café?
– No te preocupes
– Está recién hecho
– Bueno, sí
– Entonces servite una taza y acompañame. Voy a mostrarte la casa
– Qué bonita es
– Es encantadora y muy cómoda, voy a venderla pronto.
– Si te gusta podés quedártela.
– Bueno, en algún momento hay que trazar una línea. Me parece que este es un buen momento.
– ¿Qué tal este espacio? Podrías hacer una ventana.
– Sí, yo le llamo escotilla. Tal vez la haga la próxima persona. Viví ocho años sin esa ventana y pude ver mucho adentro mío. Mucho más que si la escotilla tuviera una.
– Y acá, podrías tirar esta pared abajo.
– Podría. Pero este es el cuarto para hablar por teléfono. A solas. Ya sabés, a nadie le gusta que lo escuchen hablar por teléfono.
– En mi oficina todos escuchan mientras hablo por teléfono.
– En ese caso, te vendo la casa a vos. Para que tengas tu propia oficina.
– …
– …
– Bien, qué te parece
– Es un encanto?
– Gracias
– ¿puedo tomar unas fotos?
– No lo tomes a mal pero no. Yo te enviaré las fotos. Ya las tomé y son bastante buenas.
– Tenés algo que ver con el arte??
– ¿Eso subirá el precio?
– Tal vez. A la gente le interesa todo aquello que le resulta encantador.
– ¿Algo como este lugar?
– Es un buen punto.